Qué tienen en común el amor de pareja y el maternal

Científicos hallaron que comparten circuitos neuroquímicos

LONDRES (New Scientist).- La oxitocina también aumenta la confianza, un factor importante en el desarrollo de una relación amorosa. En una experiencia de laboratorio ideada por el neuroeconomista Ernst Fehr, de la Universidad de Zurich, Suiza, casi la mitad de los que tenían el papel de inversores dieron su dinero a un administrador anónimo, sin garantías de que se les devolviera, si aspiraban oxitocina antes de jugar.

Inspirados en este estudio, el equipo de Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Nacional de Salud Mental, de los Estados Unidos, estudió qué pasaba en los cerebros de los voluntarios que aspiraban la oxitocina. Encontró que la hormona reducía la actividad de una parte del cerebro conectada con el hipotálamo, donde se detecta el temor, y su acción parece ayudar a sobreponerse al “temor

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social”, lo que facilita el unirse a otra persona.

Sin duda, para que el lazo pueda tener lugar, el varón y la mujer deben estar juntos y para muchas personas eso significa pasar por los pros y los contras de enamorarse. Pero ¿qué sucede en esa montaña rusa de sentimientos intensos? En su punto máximo, el amor romántico parece incendiar el cerebro.

El equipo de Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, escaneó los cerebros de parejas que eran nuevas en el amor mientras observaban fotos de sus novios o novias. La actividad aumentó en el sistema de recompensa del cerebro. Eso genera, según Fisher, “una gran energía, concentrada motivación para obtener una recompensa y sentimientos de euforia y hasta manía; todos sentimientos centrales del amor romántico”.

Al mismo tiempo, otras áreas ligadas con emociones negativas y con la apreciación de las intenciones de otras personas desaparecen. Lo mismo sucede cuando las madres miran fotos de sus bebes. No asombra que el amor sea ciego y amar a alguien es, como escribió François Mauriac, “ser el único que ve un milagro invisible para los otros”.

Pero no todo es igual en el amor romántico y el maternal. El romántico incluye la activación del hipotálamo donde se produce la testosterona. La sensualidad, la parte sexual del amor, está conectada con el amor romántico, pero no con el maternal.

Por sobre todo, la ciencia confirma lo que la experiencia humana enseña: las diferentes formas de amor -maternal, de pareja y romántico- están biológicamente relacionadas y tienen circuitos neuroquímicos en común.

Pero qué sucede con formas aún más amplias de amor, como el amor religioso por Dios y la humanidad. El amor que se siente por what is viagra soft tabs los marginados y hasta por los enemigos es fundamental en el mensaje cristiano. El budismo incluye prácticas de meditación para desarrollar estos sentimientos.

Al buscar correlación entre este amor religioso más amplio y los cambios en el cerebro no es entonces sorprendente que los científicos se hayan dirigido a los monjes budistas tibetanos, que practican la meditación relacionada con la compasión amorosa.

Los primeros resultados también mostraron que los monjes tibetanos tienen una actividad cerebral inusual cuando meditan en la compasión amorosa. Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin-Madison, encontró niveles excepcionalmente altos de actividad eléctrica integrada durante la meditación, especialmente en la corteza prefrontal derecha. Los experimentos han demostrado que áreas prefrontales de la corteza se activan cuando una madre observa la foto de su hijo.

Estos son sólo los primeros pequeños pasos en buscar las raíces del amor religioso. Pero sugieren que el Papa Benedicto XVI puede estar en el camino correcto cuando afirma en su encíclica que “el amor es una sola realidad, pero con diferentes dimensiones”.

New Scientist Magazine (©) 2006.
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